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Ruta por el Somontano

8 Abril 2010 297 views Un comentario

Esta Semana Santa, sin ningún plan preparado, se nos ocurrió en el último momento cumplir la promesa, hecha el año anterior al volver de Donosti, de escaparnos de bodegas a Barbastro y la zona de Somontano. Tras una consulta en verema, y como en las mejores ocasiones, sin ninguna expectativa, terminamos con una reserva de un único día en La Posada de la Lola, con la esperanza por parte de un hostelero que se vislumbraba excelente, el de La Lola, de que podríamos visitar algunas bodegas a pesar de los días festivos.

Llegamos a las 11 a Buera, un pequeñito pueblo en la Sierra de Guara. De camino pasamos por Barbastro, capital del Somontano, y ya nos habíamos deleitado con las vistas de las Bodegas Irius (como no verla), Laus, Viñas del Vero, Pirineos y Lalanne, todas rodeadas por hectáreas de viñas dispuestas al habitual estilo de esta denominación: en espaldera (se guia a las vides a través de alambres para que crezcan en altura).

En Buera no nos es difícil encontrar el Restaurante La Lola, y justo enfrente, la Posada, en un entorno de tranquilidad y alejamiento urbano. Nos recibe Miguel Angel, gerente y dueño, al que le faltó tiempo para llamar por teléfono a Irius y reservarnos la visita. A tiro hecho nos vamos para allá y nos dejamos rodear de alta tecnología, diseño y corporativismo enfocados al vino. La visita merece la pena, impresiona el concepto del OVI, la sala de barricas, y la de catas. Se queda un poco corta la selección de vinos de la cata (dos blancos y un tinto), y llega a resultar un poco cargante cierta prepotencia sugerida. Aprovechamos y compramos una botella de Irius Premium y de Absum Gewürztraminer (se está poniendo de moda esta uva en la zona).

Bodega Irius Somontano

Toma de Luis Sanz

Intentamos comer en el San Ramón de Somontano, en Barbastro, pero estaba completo. Así que nos dirigimos a la Bodega del Vero, pero estaba cerrada por vacaciones. Y como no hay dos sin tres, terminamos en “El Lagar del Vero”, en un pueblo cercano: Huerta de Vero. ¡Qué decepción! Unas lentejas insípidas impropias de un lugar de premontaña, una ensalada poco imaginativa, un plato de cordero con 1 triste costilla y 2 medianas, una lentitud exasperante en el servicio y un precio excesivo para todo el conjunto. Le peor de todo el viaje.

Nos proponemos olvidar con una buena siesta en nuestro alojamiento. ¡Qué ambiente más cautivador! La habitación es muy confortable y acogedora. La casa, detallista y con una disposición que promueve disfrutarla, con una terraza inmensa que llama al sol y a las estrellas, y un salón muy original.

La Posada de la Lola

La Posada de la Lola

Tras el sueño reparador, nos acercamos al pueblo vecino: Alquézar. ¡Qué gran descubrimiento! Un pueblo crecido alrededor de una preciosa colegiata agarrada a un gran risco, entre profundos cañones de aguas cristalinas, viñedos y con las montañas siempre nevadas del Pirineo en el horizonte. Allí nos cuentan que el pueblo hace unos años se caía a pedazos, pero que se puso de moda entre viajeros franceses, que han invertido en segunda residencia y rehabilitación,  y se ha convertido en la gran promesa del turismo de la zona para los próximos años. Nos lo creemos. La Colegiata es una pequeña joya, con un pasado árabe y románico destacable (alquézar viene de alcázar o fortaleza), y prácticamente intacta a pesar de la Guerra y la Reamortización de Mendizabal. Se nota el dinero invertido en rehabilitación, pero el pueblo no ha perdido su carácter rural y tranquilo. Valor añadido es la industria del turismo de aventura alojada en él, que, aprovechando el entorno, se ha especializado en barranquismo y ráfting. Enamorados de la vista con las últimas luces del día, volvemos a Buera, para cenar.

Alquézar

Alquézar de noche

En La Posada no hay menú ni carta. Si algo no te gusta, te proponen alternativa. No fue el caso: Crema de calabacín con provolone, Trigueros con crema cortada, Longaniza de Graus con pasas, y un maravilloso ternasco asado con vino tinto y cerveza durante horas, que se deshacía en la boca. Todo ello regado con un muy correcto Otto Bestué del 2007, por supuesto, Somontano. De postre, unas natillas caseras muy especiales. Y en todo momento, la amabilidad de Pilar y Miguel Angel dirigiendo la cena y entablando una cordial y cercana conversación. El precio, con una rcp perfecta: 30 euros persona.

Con la satisfacción de haber enmendado con creces el fracaso de la comida, nos encaminamos a la posada tras un paseo por el pueblo con cierto síndrome de Stendhal por el espectáculo nocturno de un cielo estrellado sin contaminación lumínica. Advertimos que compartimos alojamiento con parejas francesas e inglesas, que también se dejan llevar por el calor de una velada de charla alrededor de una buena copa de vino. Nos hubiera gustado apuntarnos, pero el día siguiente era prometedor, y decidimos descansar.

Al levantarnos, y tras dar fé de la comodidad del alojamiento (dormimos profundamente), Miguel Angel nos reservó visita a Enate mientras desayunábamos. Nos despedimos de La Lola con el pesar de la marcha y con la satisfacción de lo disfrutado, sabiendo que no pasará mucho hasta que repitamos, porque a esas alturas ya teníamos claro que dos días no son suficientes para sacarle el jugo a esta denominación.

Enate es una visita obligada para cualquier amante del vino. Es una pena que en los últimos tiempos esta bodega se esté desprestigiando. Las razones no están claras: rumores de suspensión de pago, críticas injustas, y la que creo principal: un exceso de éxito a buen precio que ha llevado a que los vinos de Enate estén en la inmensa mayoría de restaurantes del país. Pedir una botella de Enate suele ser garantía de no complicación para mucha gente, que sólo busca en un vino calidad a buen precio. Enate ha perdido exclusividad, ligando su imagen al “inculto” en vinos, lo que personalmente creo que ha perjudicado su imagen y valor real.

La bodega fue una de las primeras en apuntarse al carro de una arquitectura cuidada. Se podría decir incluso que es mucho más atractiva por dentro que por fuera, cosa bastante lógica cuando hablamos de vinos. Pero Enate es mucho más que la bodega. La relación con el mundo del arte contemporaneo (con la colección en exposición permanente, los mosaicos), la sala de barricas, menos pretenciosa que la de Irius y mucho más atractiva sin embargo, el viñedo con el bosque de hierro, el archivo de vinos o el laboratorio.

Me impresionó mucho su UNO’2006, un vino blanco envejecido en barrica durante 18 meses, que muchos han considerado (entre ellos Peñín) como el mejor vino blanco de España. Compramos un Reserva especial de venta exclusiva en la bodega.

En un suspiro se nos fue la mañana entera, y a sabiendas de que era tarde, probamos a pasarnos por Viñas del Vero. Quería no sólo visitar la bodega principal, también la de Blecua (línea top de VV) de la cual me habían hablado francamente bien. Pero era muy tarde. Al llegar nos confirman que durante ese día no ha habido visitas por festivo, y que sólo ha estado abierta la tienda, por lo que la decisión de Enate fue la acertada.

Aprovechamos en la tienda para, francamente bien atendidos, catar cuatro vinos, y comprar otros tantos. Catamos Gran Vos (valor sentimental), Pinot Noir (café intenso, curioso), Gewürztraminer del 2009, y el descubrimiento: Gewürztraminer 2007, que todavía no estaba en el mercado (salía en 2 semanas) y que nos encantó. Lo compramos, junto a un Edición Limitada del 2006, Secastilla (Garnatxa) 2007 y La Miranda de Secadella 2008. Todo un detalle no cobrarnos nada por la cata de los vinos.

Salimos con la sonrisa en la cara, y decidimos volver a Alquézar para comer. De camino nos paramos por Poza del Vero para disfrutar del paisaje del río. Con la tranquilidad que dan los buenos momentos, llegamos tarde para encontrar un restaurante con mesa libre, y decidimos comer de tapas al calor de una terraza con vistas espléndidas a la Colegiata. Ibéricos y quesos que bajamos después con un gran paseo de 3 horas por los cañones del río, con unas cuanta anécdotas incluidas (hay lugares que exigen cierto tipo de calzado).

Nos queda todavía mucho por ver: bodegas, restaurantes, aventura, el museo del vino, el consejo regulador… así que ya estamos preparando la siguiente ruta. Aprovecho mientras tanto para hacer algunas reflexiones:

- Los franceses, cuando la plaga de filoxera, desembarcaron en Somontano buscando una zona propicia para el cultivo de la vid y la elaboración de buenos vinos (como demuestra Lalanne). Es un error pensar que eso fue hace mucho tiempo. Aproximadamente el 50% del turismo de la zona es francés, y se nota claramente esa presencia en toda la DO.

- Que una gran bodega abra a visitas el sábado o el domingo no debería ser un favor, sino una obligación. Que haya pequeñas bodegas que, aún con todo lo que supone tener que hacer un buen vino, lo hagan, no es sino un ejemplo más de que a veces no es suficiente con el trabajo, y es necesario fomentar y cultivar la cultura de lo que haces.

- En Somontano he visto actitudes por parte de profesionales del vino que me ha costado encontrar en otros lugares, lo cual no incide sino en potenciar la DO y genera turismo de calidad.

Algunos enlaces para saber más:

Web oficial DO Somontano, Somontano en la wikipedia, Comarca del Somontano, Ruta del vino de Somontano, Red Aragón, El Portal del Somontano.

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Un comentario »

  • Xiurong dijo:

    Gran comarca la del Somontano, aún por descubir.

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